Científicos del Family Dog Project, el grupo de investigación de los aspectos conductuales y cognitivos en la relación entre perros y humanos más grande del mundo, y que pertenece a la Universidad Eötvös Loránd de Hungría, ha publicado recientemente un estudio que responde a una de las preguntas que más han intrigado a la ciencia y que más se repite entre los propietarios de perros: ¿qué se les pasa por la cabeza al pensar en sus juguetes?, ¿visualizan mentalmente un objeto esférico si nos oyen hablar de una pelota o un balón?, ¿debido a su agudo olfato, lo que relacionan con un objeto es el olor, y no la forma? Este grupo de científicos multidisciplinar ha resuelto la duda.
Para hallar la respuesta, partieron de la base de que el sentido prioritario que utilizan para identificar objetos, es un reflejo de la forma en la que ese objeto se representa en sus mentes.
Son muy pocos los perros que aprenden los nombres propios asignados a los objetos. Ninguno, hasta la fecha, ha logrado alcanzar a Chaser, la asombrosa border collie que conocía el nombre propio de sus 1.022 juguetes, entre peluches y pelotas. Chaser era tan habilidosa, que incluso mostraba capacidad de seleccionar por descarte un juguete nuevo con un nombre que no había oído nunca entre todos los demás. Aunque Chaser, fallecida en el 2019 con 15 años, se podría considerar una perra superdotada, también es un ejemplo de lo que se puede lograr en un perro doméstico con un entrenamiento apropiado y constante durante años. Es posible que hayamos infravalorado la capacidad cognitiva de los perros durante siglos, y ahora que los avances científicos y tecnológicos nos permiten asomarnos a sus cerebros, resulta una sorpresa descubrir de cuánto son capaces.
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